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Aredhel, la Hamádriade.

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Aredhel, la Hamádriade.

Mensaje por Aredhel Linwëlin el Sáb Feb 12, 2011 8:42 pm


Perfil General
Nombre completo: Aredhel, hija de Linwëlin.
Edad: 16-17 años aparentes, unos quinientos reales.
Especie: Hamádriade.
Descripción de la especie: Ninfas de los bosques. Son jóvenes hermosas dotadas de eterna juventud. O sea que nunca envejecían.
Reino donde vives: Bosques Salvajes.


Perfil Personal
Lugar de Nacimiento: Bosques Salvajes.
Aspecto físico:
-“Ojalá la hubiera conocido. Sí, usted, el que no creía en que pudiera existir alguien así. Porque, créame, es absolutamente imposible que no se maravillara al conocerla, ni el más frío de todos los que habitamos este mundo podría.

No son solo sus orbes almendrados de otoño, de azúcar tostado, los mismos que relucen en verdoso candor a cada instante, los mismos que fijan su atención con templado azabache en su interior mientras esas inquietas pestañas suyas flamean acaneladas. No son solo sus labios de ninfa griega, rosados y carnosos a la par que las cerezas en época estival, porque ella es todas las estaciones en una misma persona. No es solo su nariz, equilibrio casi perfecto en su rostro que hace que su mirar sea aún más profundo, de un tacto suave y deleitable. No es solo su tez, la que con su leve tono tostado, caramelo, inquieta a todo hombre que pueda contemplarla. Es su sonrisa, ¡Oh, su sonrisa! Ese diáfano y límpido teclado que guarda el momento preciso y perfecto para hacer su aparición con melodiosas sinfonías, ese presente casi divino que te hace sentir importante con tan solo presenciarlo, ese silencioso momento que, contagiosamente, también te hace sonreír a ti.

Y su cabello, cobrizo al igual que la tierra en los campos al amanecer, refrescante como el rocío y ondeante como la brisa a la vera del mar. Tan hermoso que casi no se puede refrenar la tentación de palparlo con la yema de los dedos y corroborar lo que de seguro es cierto. Usted, que pensaba que mis incrédulos ojos nunca podrían presenciar algo así.

¿Y sabe lo que me contesta ella cuando le digo que me encanta? Me dice que es tan imperfecta que no puede ser cierto lo que le digo; y yo, la miro con fijeza a esos ojillos de otoño y me pierdo en ellos, para contestarle una vez más “Me encantas.”. Porque no hay más cielo que el de sus ojos.

Ojalá la hubiera escuchado. Sí, usted, el que no creía que pudiera existir alguien con tanta facilidad en la palabra. Porque, créeme, es rotunda y abrumadoramente imposible que no te enamoraras de su voz, tan clara, tan dulce, tan sincera; de esas palabras que crecen como rosas en tus oídos y que hacen que tu corazón palpite con fuerza. Esas que infunden tanta confianza, ánimo, empatía y cariño; no hace falta que ella te abrace para percibir la tibieza de sus palabras y el abrigo de sus silencios. Tan alegre que darías tu vida por verla ser feliz. ¡Porque es tan concluyentemente cándida! Nunca ví persona con más madurez que ella, jamás alguien tan responsable. Un cuento de aquellos que nos contaron a todos alguna vez, un sueño entre el “Érase una vez” y el “Vivieron Felices.”

¿Y sabe lo que me contesta cuando le digo que nunca cambie? Me dice que no merece mis palabras y me sonríe, y la miro, miro su sonrisa y esta me contagia. “Nunca cambies.” Le repito y ella me abriga con su silencio. Quizás, por estas pequeñas cosas, es por lo que la quiero más día a día. ¿Sabe usted? Ojalá la hubiera conocido.”


Rasgos psicológicos:
-Es lo que se dice, una personalidad bohemia. A veces da la sensación de que Aredhel se aisla del mundo como si existiese una especie de barrera invisible en la que nadie puede entrar. No de manera borde o fría si no simplemente siendo distraída y no fijándose mucho en las cosas cuando está pensativa, esa es su manera de aislarse aunque no lo haga precisamente a propósito.
Al principio puede parecer una niña que exaspera, ya que habla despacio, a veces responde con retraso y le suele agradar más pensar que el propio acto de tener una conversación, pues se plantea demasiadas dudas. Una vez le hables, debes de tener en cuenta que ella nunca ignora, pues es educada, pero no es alguien que coja confianza con facilidad.

En alguien busca que la comprenda, cosa difícil con todos sus pros y sus contras. Es un alma libre, dentro de lo que cabe, a la que le encanta experimentar con las cosas y ser creativa; si no, no sería compositora. Siente especial debilidad por la música y los animales, pues una le aporta sosiego y la otra empatiza bastante con ella, pues también se cree sincera y noble como ellos. No es que sea introvertida, pues tímida no es, simplemente callada y que no demuestra mucho una personalidad marcada con quien no conoce.

Los que ya van descubriendo como es, se darán cuenta de que es una chica con muchas inquietudes y que tiene una visión del mundo muy global, cosa que en estos tiempos es difícil. Está abierta a todo tipo de filosofía, ya que todo el mundo tiene derecho a aportar algo y seguro, que luego se aprende de ello. Se decepciona con facilidad y es algo pesimista con algunas cosas; positiva aun así la mayor parte del tiempo, nunca se da por vencida y posee un auto-control casi prodigioso. Sabe cuando obedecer a la cabeza y cuando al corazón, pero está más habituada a sentir que otra cosa. Quizás porque lo prefiere.

Nunca nadie la ha visto enfadada, solo dolida o decepcionada. La ira no existe en ella, es una persona tranquila que disfruta del presente y aunque se preocupa por el futuro y se atormenta por el pasado, no deja que influya en su estado de ánimo.

Historia:
“-Pequeña, dulce y adorable Aredhel, ¿Qué podemos contar de ti? Hace muchos años que naciste, ¿Trescientos quizás? Bien, bien. Pero para las pixies no es tanto tiempo, aún eres una niña. Y sonríes, sonríes tanto que iluminas mi mirada por unos segundos. No me mires así, muchacha, eres como la luz, solo que más bella, mucho más. Lo heredaste de tu querida madre sin duda alguna, era tan bonita como tú a tu edad, incluso se podía decir que fue la más bella de las pixies que yo conocí. Y tu padre, un varón hecho y derecho, con voz fuerte y autoritaria que hacía temblar la misma tierra.

Cuando se conocieron, seguramente se alinearon los planetas, Aredhel, porque fue amor a primera vista, todos lo pensamos. Dròlemor siempre tuvo el corazón de Linwëlin a sus pies, tus padres nunca han dejado de quererse, ¿Lo sabes, verdad?
Y como fruto de su romántico amor nació tu hermana Aelydis, sí, recuerdo bien ese día. Llovía como el que más cabe decir, y tu padre estaba tan nervioso que había vendido la misma tela a dos personas diferentes sin darse cuenta, por lo que se estaban peleando por ella. Su hermana, es decir, tu tía vino a decirle que había nacido su hija y creo que he visto dragones más lentos. Cuando la vio, supe que no sería la primera y que el gran cariño que le profesaba a tu madre, sería eterno.

Fue creciendo, con ayuda de todos nosotros y haciéndose mayor y fuerte, toda una guerrera. Tu abuela decía que era una niña muy testaruda, pero con un corazón que no le cabía en el pecho. Ello le hizo chocar muchas veces con Linwëlin, ciertamente; más porque no la dejaba hacer cosas “de hombres” que por otra cosa. Pero aun así lo llevaba bastante bien.

Después de unos años, quinientos aproximadamente, tu madre volvió a quedarse encinta, una vez que Aleydis comenzó el periodo de la adolescencia. Fue difícil para ella, ya que tenía que cuidar a una muchacha con las ideas revolucionadas y de la que estaba por crearse en su interior, realmente duro. Menos mal que tu prima consiguió ayudarla con todo. Mas cuando nació Lyssandra, todo mereció la pena y tu padre volvió a quedarse ensimismado observándola. No se imaginaban los quebraderos de cabeza que esto acarrearía un tanto más tarde.

La primera reacción de la mayor fue celarse de la pequeña y fueron tantos berrinches y enfados por aguantar que el pobre de tu padre estaba de los nervios. Incluso cuando Lys fue creciendo, aumentaban las disputas ya que ahora era ella la que quería ser como su hermana o incluso mejor, aunque con un carácter mucho más arisco y reservado. Por ello creo yo, pequeña, que tu padre tiene predilección por ti.
A la venida de unos seiscientos años, un nuevo ser asomó en la vida de tus padres. Esa alegría fuiste tú, aunque he de confesarte que en primera instancia, nadie se lo esperaba, ni siquiera tu madre. Recuerdo sus saltos de alegría y los nueve meses siguientes acariciando su vientre con total cariño maternal. Yo sé que Linwëlin esperaba un varón a fin de cuentas, pero cuando te vio, creo que se le quitaron las ganas.

Contraria a tu hermana mayor, tú naciste un día caluroso y soleado de verano, por la tarde, después de que tu madre jugase en el campo con tus hermanas. El parto no fue muy largo, pero seguramente doloroso ya que se oían los gritos por toda la aldea. Tus orbes, brillantes y pequeños, estaban aún cerrados por tu inmadurez, pero una vez que se abrieron meses después, pudimos comprobar que eran los más claros de todos.

Tú nunca planteaste ningún problema, es más, tus hermanas se desvivían por cuidarte, cosa que las unió durante mucho tiempo al día y disminuyó todos los enfados y peleas; por fin un descanso, seguro que pensaron dos que yo me sé. Luego comenzaste a crecer, a hacerte mayor…y aquí estás, mi pequeña estrella.

-¡Abuelo! No diga esas cosas.-exclamó ruborizada-.

-Sólo digo la verdad, mi niña, nada más que la verdad…”

Gustos:
-Lo que más causa furor en la pequeña es cuidar de los demás seres, sean animales, vegetales o cualquier cosa, ella es feliz si puede ayudarlos. Puede parecer que tenga vocación de sanadora, mas cuando se la oye cantar, se sabe perfectamente que lo que destaca en ella es algo muy distinto, algo que le nace realmente de dentro y que hace sentir bien a todos los que la rodean. Ello a veces pone a prueba su valentía, cosa que su padre le ha enseñado a educar y de lo que está realmente orgullosa. Además, también está más que conforme con su forma de vida pacífica y pura, que no significa que sus brotes de infancia no la hagan ser traviesa. Nunca fue buena comedora, por lo que se suele escaquear a dichas horas del día, prefiere estar en el campo o escuchar una buena historia de cualquier viajante. Ama leer.

Disgustos:
-Seguramente sea debido a los relatos de su madre, pero Aedhel siente cierto temor hacia los habitantes de la corte oscura, los cuales nunca en su vida ha visto, puesto que aunque hubiera tenido oportunidad, sus hermanas o sus padres se habrían encargado de que no pudiese ver nada. Es algo que la inquieta y que la hace sentir curiosidad hacia el tema, más también cierto rechazo.
Tiene miedo a las tormentas y a los temporales en sí, es algo que no puede evitar. En Abril, cuando llueve por la noche, se esconde bajo su cama, aterida por el frío y el terror y muchas veces su madre tiene que ir a calmarla con una canción.
Aún no se le conoce una manía pre-determinada, ya que no suele repetir mucho los gestos.

Armas: No tiene.

Poderes:
-Melodía de la vida: Es el don de su raza que más ha desarrollado en su “corta” vida, puesto que siempre se caracterizó por una actitud bondadosa y sincera, sin ningún prejuicio hacia los demás. Una forma de agradecerle a la madre tierra el haberlas creado y haber sido tan benevolente con ellas. La entona con decisión, voz suave e hipnótica; no hay muchas ninfas del bosque que puedan sanar tan rápido como Aredhel.

-Control de la vida vegetal: Después de la melodía, es con el que ella siempre se ha sentido más afín, aunque a veces ve desde un punto de vista algo religioso el que no le parece ético crear, puesto que se siente comparada a Dannan o a la madre naturaleza. Pero le gusta, puesto que la vida y la vegetación siempre han despertado en ella total curiosidad. Mas nunca para fines malévolos, jamás le haría daño a un ser vivo, puesto que no anida maldad en su corazón.

-Cambio de tamaño: Nunca logró ser buena en esto, es más, una vez estuvo dos semanas encogida por no controlarlo. Ello es algo que no se debe hablar con Aredhel, ya que se pone triste, puesto que le encantaría poder cuidar con mucho más detalle a sus queridas plantas.

-Fusión con la rama: Hace relativamente poco tiempo que se ha iniciado en este don, puesto que antes lo hacía su madre por ella y si no, utilizaba la melodía de la vida como efecto sanador. Pero cuando llega el invierno, es un verdadero problema no controlar este don y la mayor parte de su tiempo libre intenta practicarlo, para ir cogiendo soltura.

Familia:
Linwëlin, hijo de Ardeos:
-Su padre fue, sin duda alguna, una persona que influyó desde un principio en la pequeña. De voz fuerte, tan impenetrable, noble y autoritaria que nunca alguien osó desobedecerla. Varón castaño, de ojos claros y porte recio, pero que no podía evitar ser tierno con sus tres hijas; sobretodo con la más pequeña, Aredhel, que era igual que un rayo de sol en su vida. Trabajaba de comerciante, puesto que el don de gentes fue su fuerte desde muy temprana edad.

Sin embargo, ella no heredó el lado guerrero de su progenitor, el cuál iría a la guerra sin duda alguna, a pesar de que casi todos los de su raza solían ser pacíficos al respecto. Solía estar entre los líderes de las revueltas de la noche de Samhain. Ahora, algo más impetuoso, ha sido requerido como soldado y está muy orgulloso de poder defender a su familia.

Dròlemor, hija de Gingárë:
-Dulce, tierna y romántica pixie que una vez encandiló el corazón de Linwëlin, guarda mucho parecido con sus tres hijas. De ella heredaron su cabello pelirrojo y su tez casi perlada, mas no los ojos, los cuales son oscuros y de un color algo basto, pero de luminosidad casi extasiante. Su voz se asemeja al silbido de viento y Aredhel adora escuchar historias junto a sus hermanas cuando llega Abril y florecen la mayor parte de la flores, jugando después y aprendiendo sobre el medio. Es comerciante, al igual que una vez lo fue su padre, mas ella vende flores desde tiempos inmemoriales y nunca dejaría de hacerlo, ama su trabajo.

En cuanto a sus hijas, no siente predilección por ninguna y las quiere a todas con total y absoluta fuerza, intentando protegerlas de todo mal e intentando que nunca tengan contacto con la corte oscura, mas le es más difícil con Aredhel, ya que al ser una niña, juega y suele perderse con facilidad.

Aelydis, hija de Linwëlin:
-Una de sus hermanas mayores, la primera en nacer y la que significó la consolidación de la unión de sus padres. Es aventurera, con un corazón puro y libre, pero quizás un poco fácil de manipular, cosa que ha heredado de Drólemor. La más alta de las tres hermanas, sencillamente porque es la mayor. Un poco menos bella que las pequeñas, pero lo compensa con su encandilador carácter y su porte femenino y sensual. Cuando no está su madre, es la que se hace cargo de ellas y a veces puede resultar muy agobiante y sobreprotectora.
Quiere alistarse en el ejército, ser guerrera ya que amaría luchar por sus ideales, pero su padre no la deja debido a que teme perderla. Ello hace que se enfaden a menudo y mantengan fuertes discusiones por ello. Así que de momento, se dedica a vender flores con su madre.

Lyssandra, hija de Linwëlin:
-La hermana del medio, por así decirlo. Nació bastante prematura, por lo que sus padres pensaron que fallecería en unos días con gran dolor, pero al haber superado tal bache, todo fue coser y cantar. Quizás es la menos agradable de las hermanas, ya que es reservada y algo apática con quien no conoce, mas también lo es con su madre ya que la cree demasiado frívola. Muy bella, por la que muchos en la corte han pedido la mano pero su padre no ha cedido, pero ello se descompensa un poco con su fuerte carácter, justo a la inversa que con su hermana mayor. Desde pequeña, ha intentado ser mejor que esta en todo, superarla en cualquier situación y ello la ha hecho ciertamente competitiva. Pero no confundamos, como Aredhel, también es pacífica.

Se dedica a vender flores con su madre y hermana mayor, puesto que no sabe tocar ningún instrumento o cantar como su hermana pequeña, ni pelear como su padre, por lo que se conforma con ello. Es particularmente buena volando.

Aredhel Linwëlin

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Re: Aredhel, la Hamádriade.

Mensaje por Edmund Pevensie el Sáb Feb 12, 2011 10:44 pm

Amé la ficha y aún más la imagen, lee las firmas aunque igual estás aceptada :3

NarniaWorld;

E d m u n d P e v e n s i e ~

Spoiler:
Te reto a decirle a Caspian que aunque se haya casado con la hija de Ramandú sabes muy bien que todavía le calienta Susan, y que le recomendas que no pierda el tiempo porque Susan no tiene pensado salir con un idiota.(????????)
Te reto a caminar por Cairx Paravel gritando que Peter te supera en todo .
Te reto a mencionar a una vaca en nuestro rol, cuando estamos haciendo cositas +18 :$

Edmund Pevensie
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Localización : Aburriendome por ahí(?)

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Re: Aredhel, la Hamádriade.

Mensaje por Aredhel Linwëlin el Sáb Feb 12, 2011 11:52 pm

Me alegro mucho de que os haya gustado la ficha, joven rey. Las he leído, gracias por la información y espero estar muy activa por estos lares(:

Aredhel Linwëlin

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Re: Aredhel, la Hamádriade.

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